Gema de la Cruz- Coach

viernes, 4 de marzo de 2016

"Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento"
Eleanor Roosevelt



Hoy me apetece escribir sobre algo que en diferentes momentos de mi vida ha ido cambiando, y es cómo influye en nuestras vidas lo que hacen los demás. Así en general, las personas que nos rodean. 

Cómo detectar lo que sentimos a este respecto, como casi siempre nuestro lenguaje dice mucho más de lo que probablemente queremos decir y así decimos o escuchamos frases como estás: 

Si yo hubiera tenido otra familia pero la familia te toca y es lo que hay
Si no me hubiera casado con este hombre, quién sería yo ahora
Si no fuera por mis hijos aquí iba a estar yo
Si hubiera estudiado cuando tenía que hacerlo otro gallo me cantara...

¿Os suenan?  Porque así podría estar yo escribiendo frasecitas de estás con su contenido en pequeñas dosis de veneno hasta llenar el post. Y ¿quién no ha caído en esa trampa? La de echar balones fuera, la de protagonizar el papel de víctima en esta película de tu vida y encontrar circunstancias y personas  a las que culpar de que tu vida no lleva el rumbo que realmente te gustaría que llevase. 

Y como la cara y la cruz de una misma moneda, en ocasiones, lo que nos encanta es soltar lastre, y ponernos en manos de "expertos" que nos digan cómo se hacen las cosas, así como si sólo hubiera una manera correcta, un camino exacto, doctores/as, o mejor aún health coach, personal trainers, personal shoppers, y todo un elenco de secundarios en nuestra vida que van a empezar con esa frase que en muchas ocasiones se convierte en música para nuestros oídos que es "a tí lo que te hace falta es..." o "tú lo que tienes que hacer es ...". Y qué satisfechas nos quedamos cuando escuchamos la receta!! lo que tenemos que hacer o comprar para que nuestra vida se vuelva más fácil, y en una palabra, mejor. Después lo que solemos hacer es defender  cómo si nos fuera la vida en ello, la palabra del o la respetada profesional que nos asesoró, o del libro que leímos y convertirnos en absolutas radicales de esa idea, no sea que ahora me de cuenta de que he pagado un pasta por algo que no me sirve para nada, no, no, yo de este tren no me bajo tan fácilmente y seguir defendiéndolo hasta que ya ni siquiera nos sirva ese criterio adquirido en segunda mano.

Y es que dejar que cualquiera nos haga el equipaje para un destino que ni siquiera conoce, pero confiamos en que lo que nos pongan en la maleta estará bien porque cualquiera sabe más de nosotras que nosotras mismas y si no, es fácil sólo debemos culpar a alguien más, y que se sume al grupo de hijos, marido, compañeros de trabajo...los y las culpables de lo nuestras pequeñas desgracias.

Y así seguimos cultivando nuestro diálogo interior reactivo "eso me lo ha dicho con segundas..." "se cree que no me he dado yo cuenta..." y alimentando nuestros miedos e inseguridades respecto a la maternidad, al trabajo, a nuestras capacidades. Vemos en las actitudes o comentarios de otros/as el espejo, lo que nos falta por construir, lo que nos pica. Y cómo en ocasiones hacemos a otros/as responsables de nuestras emociones también nos funciona a la inversa y si tu pareja un día habla menos o le notas enfadado, comienzas a revisar tu catálogo de posibles culpas . Y es que esta forma de vivir te llena de juicios hacia los y las demás y hacia una misma es como tomarse  el veneno y esperar que se mueran otros.

Qué  fácil es caer en esta trampa si no te trabajas el rumbo de tu vida, tus objetivos, quién eres y qué quieres. Y desde ahí es mucho más eficaz contactar con profesionales que te ayuden a conseguir tus metas en cualquiera de los ámbitos, y  delegar muchas tareas pero no abdicar. Y escuchar comentarios y no personalizarlos y pensar que son dardos envenenados dirigidos a mí. Porque sólo podremos encontrar fuera una vez que hayamos hecho nuestro trabajo dentro. Conquistar nuestra autonomía emocional, que esta no se tiene que someter a referéndum, y el estatuto de esta autonomía se apoya en los pilares del autoconcepto, la responsabilidad y la automotivación. Pero de estos ya hablaremos otro día...


4 comentarios:

  1. Interesante reflexión, qué bueno sería que consiguiéramos aplicarnos de vez en cuando este unguento en lugar del veneno. Por cierto, muy buena frase la del veneno. La anoto. Gracias por dejarte leer. Fx

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  2. Gracias.Elabora tu ungüento casero y úsalo cuando te haga falta.

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  3. Genial post! Y lleno de realidades!

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